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El origen del nombre de
(Jovel - San Cristóbal de Las Casas)

Hablar de San Cristóbal de Las Casas es hablar de una ciudad construida sobre capas de memoria, conflicto, mestizaje y resistencia. Su historia no comienza con la llegada de los españoles, sino mucho antes, en el antiguo valle de Jovel, un territorio habitado por pueblos mayas que ya poseían una vida social, cultural y espiritual profundamente arraigada. Antes de las campanas, de las plazas coloniales y de las calles trazadas al estilo español, existía un paisaje frío, montañoso y envuelto en neblina, donde la presencia indígena daba sentido al espacio y a la vida cotidiana.

Panoramica Norte de Jovel
Panoramica Norte de Jovel

Ese valle, conocido como Jovel, fue testigo de uno de los procesos históricos más significativos del sureste de la Nueva España: la imposición del orden colonial sobre un territorio que ya tenía identidad propia. La historia oficial suele marcar como punto de partida los hechos de la conquista y fundación, pero la memoria del lugar revela una realidad mucho más compleja. San Cristóbal de Las Casas no puede entenderse únicamente como una ciudad colonial; también es la continuidad de una antigua ocupación indígena que resistió, se adaptó y permaneció viva a lo largo de los siglos.

Indigena Chamula con sillas para su venta.
Indigena Chamula con sillas para su venta.

La presencia española en la región se consolidó a partir de 1524, apenas tres años después de la caída de México-Tenochtitlán, cuando comenzaron las expediciones militares para someter Chiapas. Posteriormente, el 7 de julio de 1536, la Corona española otorgó oficialmente a Jovel la categoría de ciudad. A partir de ese momento, el territorio comenzó a transformarse bajo las lógicas políticas, religiosas y urbanas del mundo hispánico.

El nombre “San Cristóbal” no fue elegido al azar. Procede de San Cristóbal de Licia, santo venerado en la tradición católica como protector de viajeros, caminantes y personas en tránsito. Para una ciudad ubicada entre montañas, rutas difíciles y caminos de intercambio, esta advocación tenía un fuerte sentido simbólico. No solo respondía a la costumbre española de poner a las ciudades bajo la protección de santos, sino también a la intención de legitimar la ocupación del territorio mediante la religión.

La figura de San Cristóbal está asociada a una de las narraciones más conocidas de la tradición cristiana: la de un gigante que ayuda a cruzar un río a un niño misterioso, quien después se revela como Cristo. En esa escena se concentra la idea del peso espiritual del mundo y del servicio al prójimo. Por ello, San Cristóbal fue considerado “el portador de Cristo” y terminó convertido en patrono de viajeros, marineros, conductores y caminantes. Su imagen, cargada de simbolismo, fue especialmente útil en una ciudad atravesada por el tránsito, el comercio y el intercambio cultural.

San Cristobalito
San Cristobalito

Cuando la ciudad fue fundada en 1528, quedó bajo la advocación de San Cristóbal Mártir. Más tarde, en 1536, la Catedral también fue dedicada oficialmente a él. Desde entonces, la figura del santo quedó unida de forma inseparable a la identidad urbana. Cada 25 de julio, la ciudad celebra su fiesta patronal, una fecha en la que convergen la tradición católica, la memoria comunitaria y las expresiones culturales heredadas tanto del mundo indígena como del colonial. Las campanas, los cohetes, las procesiones y la vida festiva recuerdan que la identidad de San Cristóbal sigue siendo una mezcla viva de distintas raíces.

Fay Bartolome de Las Casas
Fay Bartolome de Las Casas

Sin embargo, si San Cristóbal representa la dimensión religiosa y simbólica de la ciudad, Bartolomé de Las Casas representa su conciencia ética e histórica. Su presencia en el nombre oficial de la ciudad no solo modifica una denominación: transforma el sentido mismo de la memoria urbana. La incorporación de su apellido en 1848 respondió a un acto profundamente simbólico, pues vinculó a la ciudad con una figura que denunció con firmeza la violencia colonial contra los pueblos indígenas.

Bartolomé de Las Casas fue nombrado obispo de Chiapas en 1543. Aunque era el tercer obispo designado, fue el primero en ejercer verdaderamente el cargo. Su figura ocupa un lugar central en la historia de América porque fue uno de los primeros defensores en denunciar públicamente los abusos cometidos contra los pueblos originarios. Lo notable de su trayectoria es que no nació como un crítico del sistema colonial. Antes de convertirse en una voz de denuncia, participó del orden establecido como encomendero. No obstante, el contacto directo con la violencia ejercida contra los indígenas provocó en él una transformación profunda. A partir de entonces, renunció a sus privilegios y dedicó su vida a la defensa de los derechos de los pueblos sometidos.

Su llegada a Ciudad Real en 1545 marcó un momento decisivo. Encontró una sociedad profundamente desigual, dominada por encomenderos que explotaban a los indígenas mediante el trabajo forzado, los tributos y el abuso permanente. Las Casas denunció estos hechos con valentía, enfrentándose a colonos, autoridades y grupos de poder económico. Su postura generó tensiones tan fuertes que terminó regresando a España, desde donde continuó su lucha moral y política. Con el paso del tiempo, su figura fue reconocida como símbolo de la defensa de la dignidad humana, razón por la cual en 1848 el gobierno chiapaneco decidió añadir oficialmente su apellido al nombre de la ciudad.

Ese cambio no fue solamente nominal. Fue un gesto histórico de enorme carga simbólica. La antigua Ciudad Real colonial, asentada sobre relaciones de dominación, incorporaba al hombre que había cuestionado públicamente los abusos del sistema que la había originado. Así nació oficialmente San Cristóbal de Las Casas, nombre que conserva hasta hoy una tensión histórica entre religión, poder, memoria y justicia.

Durante los siglos XVI al XIX, la ciudad se consolidó como uno de los principales centros políticos, religiosos y comerciales del sureste novohispano. Su traza urbana respondió al modelo español de damero, diseñado para imponer orden y jerarquía. En el centro se colocó la Plaza Mayor, alrededor de la cual se levantaron los principales edificios del poder colonial: la ermita de la Anunciación, las casas consistoriales, el mesón, la cárcel y los edificios administrativos. Esta organización urbana no fue neutral. Reflejó una división social clara, donde los españoles ocuparon el centro político y religioso, mientras que los pueblos indígenas fueron desplazados hacia los barrios periféricos.

Catedral de Jovel 1884.
Catedral de Jovel 1884.

Con el tiempo, la ciudad desarrolló una arquitectura excepcional. La Catedral, el Palacio Municipal, los portales, los conventos dominicos y las casas señoriales conformaron un paisaje urbano de gran riqueza histórica y estética. Entre sus edificios más representativos destacan la Catedral, Santo Domingo de Guzmán, San Nicolás, La Merced, El Carmen, San Francisco, Guadalupe, San Agustín y la Casa de la Sirena. Cada uno de estos espacios conserva fragmentos de distintas épocas y testimonia la convivencia, muchas veces desigual, entre dos mundos: el indígena y el colonial.

Por ello, San Cristóbal de Las Casas no es solamente una ciudad histórica; es también un espacio de memoria viva. Cada calle, barrio, templo y mercado conserva huellas de más de cinco siglos de transformaciones. Y mientras siga pronunciándose el antiguo nombre de Jovel, seguirá presente la memoria maya que permanece debajo de los nombres impuestos por la historia.

Tan Tan …

 

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